Una reflexión de Alexander Sabala, Gerente de Proyectos de Salud Mental Juvenil y Participación Comunitaria

En El Futuro, nuestro trabajo se basa en la conexión, la comunidad y el sentido de pertenencia. Pocas personas son testigos de esto tan de cerca como Alexander Sabala, nuestro Gerente de Proyectos de Salud Mental Juvenil y Participación Comunitaria, quien ayuda a crear espacios donde familias, vecinos y miembros de la comunidad pueden reunirse para aprender, celebrar y apoyarse mutuamente.

En esta reflexión personal, Alex comparte lo que ha vivido durante sus primeros meses en El Futuro y cómo los momentos de alegría, cultura y comunidad siguen dando forma a su trabajo cada día:

Llevo casi siete meses trabajando en El Futuro y, en ese tiempo, he conectado con personas maravillosas. He compartido mucha alegría pero, sobre todo, he vivido momentos hermosos. Momentos llenos de risas, comunidad y calidez humana.

Recuerdo que empecé a toda marcha con el evento de Las Posadas y me sentía muy nervioso por pedir apoyo al personal apenas tres días después de asumir el cargo. Pero gracias a mi equipo, pude conectar con personas fantásticas que ayudaron a convertir Las Posadas en una velada llena de amor, amabilidad y alegría.

A medida que pasaba el tiempo y conocía a más miembros del personal, me di cuenta de que la amabilidad y el espíritu de empoderamiento que mi equipo me mostró aquel día no eran algo exclusivo de ellos. Seguí presenciándolo al pedir ayuda a todos los equipos de El Futuro. Pero no hubo nada más hermoso que ver a las comunidades que amo y por las que me preocupo recibir esa misma amabilidad y empoderamiento que yo experimenté durante los preparativos de Las Posadas.

Esa tarde, llevamos un poco de paz y mucho cariño a tantas familias a las que les costaba encontrarlo, debido a todo lo que nuestras comunidades enfrentaban en ese momento. Fui testigo de muchas sonrisas, escuché muchas risas y vi a tantas personas unirse al ritmo de “dale, dale, dale, no pierdas el tino”, mientras yo intentaba que no me golpearan con el palo de la piñata.

Esa noche, muchos niños se fueron con juguetes divertidos, muchas familias se llevaron una comida para compartir y yo me fui con tanta felicidad que sentía que el corazón me iba a estallar. Luego llegó La Kermés, el Festival Cultural Latino, donde todo lo que había presenciado durante mi tiempo en El Futuro se convirtió en una experiencia inolvidable. Ver llegar a todos los vendedores con tanto entusiasmo, observar al personal y a los voluntarios llenar el espacio verde con una energía inigualable; fue algo extraordinario. Pero lo que realmente me marcó fue ver cómo la gente iba llegando poco a poco al estacionamiento de El Futuro, saludando a quienes ya conocían y diciendo “mucho gusto” a aquellos con quienes sentían una conexión.

En algún momento, entre bailes y nuevas amistades, olvidé que estaba “trabajando”. Y al retomar mi papel, me di cuenta de lo verdaderamente mágica que es La Kermés. Su magia reside en su capacidad para transformar la cultura, la música, la comida y las tradiciones compartidas en un poderoso sentido de pertenencia, donde las familias reconectan con sus raíces, celebran su identidad y fortalecen la comunidad juntas.

Y vemos el poder de la comunidad en todo el trabajo que realizamos en El Futuro.

Nunca olvidaré el taller de herbolaria de Lucía. Me entusiasmaba aprender a utilizar la naturaleza que me rodea de una manera más consciente, pero no estaba preparada para aprender tanto sobre el poder de la comunidad. Sí, aprendimos sobre las plantas y las muchas formas en que pueden influir en nuestra vida cotidiana, pero lo que quedará grabado para siempre en mi propio día a día es la gran importancia de la comunidad.

Recuerdo que la última actividad del primer taller consistió en compartir qué esperábamos aprender o por qué queríamos participar. Las respuestas dieron al momento un significado totalmente distinto.

“Quiero explorar formas de manejar mi ansiedad social”. “Quiero compartir un momento con personas como yo”. “Esto es algo que me apasiona”.

En ese instante, comprendí que aquel espacio era más que un taller sobre plantas; era un lugar para conectar, fomentar la comunidad y celebrar las propias pasiones. Y Lucía logró precisamente eso. Durante unas semanas, vi a personas hacer nuevos amigos, crear recuerdos duraderos y acercarse un poco más a hacer realidad sus sueños.

Gracias a ese hermoso taller, a la increíble forma de enseñar de Lucía y al deseo de nuestra comunidad de conectar, nació *Tejiendo Conexiones*. Liderada por una integrante del taller, la maravillosa Edith, esta iniciativa se centra en crear espacios que fomenten la conexión, nos impulsen mutuamente y celebren el poder de nuestras experiencias compartidas.

Tejiendo Conexiones ha aportado mucha vitalidad al espacio verde, al igual que lo ha hecho Niñitos de la Naturaleza. Estos programas nos han regalado mañanas en las que las familias se reúnen para celebrar la naturaleza que nos nutre, las culturas que nos hacen ser las personas tan diversas y coloridas que somos, y los recuerdos que creamos juntos.

En esas mañanas, me sentía como si estuviera de vuelta en El Salvador: jugando en la tierra con mis primos y vecinos, viendo reír a mis abuelos mientras se preparaba el café y sabiendo que se estaba cocinando un desayuno delicioso.

Esos momentos, y proyectos como Las Posadas, Tejiendo Conexiones y Comunidades Activas, llenan de alegría mi día a día en El Futuro. Es una alegría que veo reflejada en el maravilloso equipo con el que colaboro, en mis compañeros y, lo más importante, en las comunidades por las que nos desvivimos.

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