Recuerda cuando eras pequeño.
Tal vez recuerdes coleccionar piedras, observar a las hormigas transportar comida, cavar en la tierra o mirar hacia lo alto de un árbol preguntándote qué vivía entre sus ramas. Quizás alguien te acompañaba —un padre, un abuelo, un hermano o un vecino— mostrándote algo, respondiendo a tus preguntas o compartiendo una historia.
Para muchos de nosotros, algunas de nuestras primeras lecciones no ocurrieron en un aula. Sucedieron mientras jugábamos, explorábamos, hacíamos preguntas y pasábamos tiempo con las personas que nos rodeaban.
Aprendíamos mucho antes de saber que eso se llamaba aprender.
Esa idea sencilla es el corazón de *Niñitos de la Naturaleza* (Little Nature Explorers), una colaboración entre El Futuro y el Museo de Vida y Ciencia (Museum of Life and Science) que crea oportunidades para que los niños pequeños y sus familias exploren la naturaleza, la ciencia y la cultura a través del juego y la comunidad.
Pero si pasas tiempo con las familias que participan en *Niñitos*, empiezas a ver que algo mucho más grande puede ocurrir durante esos momentos aparentemente pequeños.
Cuando una flor se convierte en una historia familiar
Imagina a un niño que recoge una flor y hace una pregunta. Un padre la reconoce y recuerda una planta similar de su infancia. Un abuelo empieza a hablar sobre la tierra donde creció. Otra familia escucha la conversación y reconoce algo de su propia experiencia.
La pregunta de un niño se ha convertido de repente en algo más que una lección de ciencia. Se ha convertido en memoria. En cultura. En conexión. Y en aprendizaje.
Esa es una de las ideas sobre las que *Niñitos* nos invita a reflexionar de manera diferente: los niños no experimentan el aprendizaje de forma separada del resto de quiénes son.
Sus familias son parte de ello. Su idioma es parte de ello. Su cultura y su comunidad son parte de ello. Y el conocimiento que ya poseen los padres y abuelos también puede formar parte de ello.
¿Cómo es realmente el aprendizaje culturalmente receptivo?
El término “culturalmente receptivo” a veces puede sonar como un concepto abstracto. *Niñitos* ofrece un ejemplo muy tangible de lo que puede significar.
El Museo de Vida y Ciencia aporta su experiencia en educación científica y aprendizaje lúdico, creando oportunidades para que los niños se acerquen al mundo natural con curiosidad y preguntas. El Futuro aporta su experiencia en trabajo culturalmente receptivo y centrado en la comunidad, creando espacios donde las familias se sienten bienvenidas, comprendidas y conectadas. Si combinamos esas fortalezas, el aprendizaje puede verse de una manera diferente.
La ciencia se encuentra con la familia.
La naturaleza se encuentra con la cultura.
La curiosidad se encuentra con el sentido de pertenencia.
A veces, esto significa que el niño lidera la exploración. A veces, los adultos se entusiasman tanto como los niños. A veces, la experiencia es caótica, ruidosa, lúdica, bilingüe y maravillosamente impredecible.
Y, a veces, se trata simplemente de una familia que descubre algo nuevo en conjunto.
Esos momentos son importantes.
Cuando los niños y las familias tienen oportunidades de explorar el mundo de formas que honran quiénes son, de dónde vienen y los conocimientos que ya poseen, la curiosidad tiene espacio para crecer. Y cuando esa curiosidad crece dentro de una comunidad, el aprendizaje puede convertirse en algo aún más poderoso: una manera de fortalecer los vínculos, el sentido de pertenencia y la relación de la familia con el mundo que la rodea.
Historia basada en las experiencias personales de Alexander Sabala, gerente de proyectos de salud mental juvenil y participación comunitaria en El Futuro. Un agradecimiento especial a nuestro aliado, el Museum of Life and Science de Durham.