A veces, la sanación comienza con algo muy sencillo: la oportunidad de descansar.

Durante años, Norma Martí —defensora de la salud mental y amiga de larga trayectoria de El Futuro— albergó un sueño en su corazón. Mientras trabajaba con familias latinas que criaban a hijos con discapacidades y diagnósticos de neurodivergencia, escuchaba a los padres hablar sobre cómo lidiaban con responsabilidades abrumadoras, el aislamiento y el agotamiento. Al finalizar una serie de talleres que ella impartía, una madre se le acercó con una petición que Norma nunca olvidó:

“Solo quiero dormir una noche entera”.

Ese momento sembró la semilla de lo que más tarde se convertiría en RESPIRO: Casa Abuelita.

Durante la década siguiente, Norma siguió pensando en cómo crear un espacio donde las madres que cuidan a hijos con necesidades especiales pudieran alejarse de sus responsabilidades diarias, reconectar consigo mismas y experimentar un descanso verdadero. Durante la pandemia de COVID-19, descubrió el poder sanador de la costa de Carolina del Norte e imaginó lo que significaría compartir esa experiencia con cuidadores que rara vez tienen tiempo para sí mismos.

En 2024, ese sueño se hizo realidad cuando Norma organizó los primeros fines de semana de Casa Abuelita. El impacto fue inmediato y profundo.

Luego, gracias a la generosidad de quienes apoyaron la campaña de fin de año de 2025 de El Futuro, esa visión siguió creciendo.

Gracias a su apoyo, más madres pudieron participar en los retiros de RESPIRO: Casa Abuelita en la primavera de 2026. Estos fines de semana ofrecieron algo que muchas cuidadoras no habían experimentado en años: sueño ininterrumpido, conexiones significativas, oportunidades para la reflexión y el permiso para centrarse en su propio bienestar.

Norma desempeña con cariño el papel de “Abuelita” del programa. Prepara las comidas, organiza actividades y crea un ambiente acogedor donde las madres pueden, sencillamente, respirar. Las participantes dedicaron tiempo a descansar, compartir historias, practicar la atención plena (*mindfulness*), realizar actividades creativas, disfrutar de la belleza de la costa y entablar amistades con otras mujeres que enfrentan desafíos similares.

Quizás el resultado más significativo fue que las participantes descubrieron que no estaban solas.

Muchas de estas madres pasan años abogando por sus hijos mientras cargan con enormes exigencias emocionales y físicas. A través de Casa Abuelita, encontraron una comunidad, aprendieron estrategias para reducir el estrés y la ansiedad, y conectaron con recursos que pueden apoyar a sus familias mucho después de que termine el fin de semana. El impacto se refleja mejor en sus propias palabras:

«La paz que esta experiencia me brindó… y las amistades que hice».

«Una noche para mí: la primera en diez años».

“Aprendí a relajarme y a recordar que yo también soy importante”.

Para Norma, un momento destaca sobre todos los demás: ver cómo aquella madre —cuya petición inspiró el sueño hace diez años— asistía finalmente a un retiro. Fue un poderoso recordatorio de que los cambios significativos a menudo comienzan por saber escuchar.

En El Futuro, creemos que la salud mental va más allá de la atención clínica. Abarca la creación de oportunidades para la conexión, el descanso, la sanación y la comunidad. RESPIRO: Casa Abuelita es la materialización de esa convicción.

A todos los que contribuyeron a nuestra campaña de fin de año 2025: gracias. Su generosidad ayudó a convertir un sueño en una experiencia que brindó paz, dignidad y renovación a cuidadores que entregan tanto de sí mismos cada día. Gracias por hacer posible este camino.

X